martes, 6 de abril de 2010

El cementerio más antiguo de Chile (III)

Los vestigios de Tutuquén.


Lugar ceremonial tiene más de 10 mil años de antigüedad, según estudio de laboratorio estadounidense, y para cautelar dicho patrimonio, las autoridades estudian levantar un museo.

Tras conocer los resultados de un estudio encargado a expertos internacionales, el Gobierno Regional del Maule entregó su respaldo para la construcción del denominado “Museo de los Orígenes”, que será emplazado en el mismo sitio en que está el cementerio indígena descubierto hace dos años en la localidad de Tutuquén.

El sitio arqueológico es el cementerio más antiguo existente en el país, con una data estimada por el Laboratorio Beta Analytic de Estados Unidos en 10 mil 570 años, según dio a conocer el Consejo de Monumentos Nacionales del Maule al intendente del Maule, Alexis Sepúlveda Soto, y a la Gobernadora de Curicó, Gloria Rojas, durante la presentación de los resultados preliminares de la investigación a los restos humanos y culturales hallados al poniente de la ciudad de Curicó.

El arqueólogo y coordinador del organismo estatal, Nelson Gaete, destacó que el sitio es un espacio religioso y ceremonial usado por los primeros habitantes de la actual Región del Maule y, por tanto, debe ser mantenido y puesto en relieve ante la comunidad.

“El cementerio tiene que ser un memorial, un sitio que nos permita vincularnos con nuestros orígenes, con estos pueblos originaros en que parte de su sangre está en nuestra sangre”, subrayó el profesional.

“Sería un tremendo error para la región no cautelar el espacio físico en que hemos encontrado estos restos. Es un proyecto interesante y hermoso para la región que va a permitir cautelar nuestro patrimonio y nuestros orígenes para el conocimiento de las futuras generaciones”, puntualizó el intendente Sepúlveda mientras observaba los restos óseos.

Por su parte, la gobernadora Rojas manifestó que la decisión de construir un museo en el sitio del hallazgo “es un momento histórico” para los curicanos en particular y maulinos en general.

El proyecto

El diseño de la infraestructura costará unos 52 millones de pesos que serán financiados con recursos 2008 del Fondo de Desarrollo Regional. La construcción de unos 2 mil metros cuadrados se estaría iniciando el 2009.

Un lugar destacado tendrá una cripta a la vista del público, en el que serán preservados los restos humanos actualmente en investigación en el laboratorio que el Consejo de Monumentos Nacionales posee en la ciudad de Talca.

El edificio permitirá, además, conocer los estilos de vida de los antiguos habitantes maulinos de la costa, valle central y precordillera, gracias a que el museo recibirá todos los hallazgos arqueológicos existentes en la zona.

En el sitio arqueológico de Tutuquén los investigadores detectaron la ocupación de dos tipos de poblaciones, diferenciadas por la estructura ósea de los 42 restos levantados y los materiales culturales que los acompañaban en sus tumbas.

Los más antiguos corresponden al período arcaico-temprano, eran cazadores-recolectores, poseen el cráneo alargado (dolicocéfalo) y estaban acompañados por puntas de proyectiles. Se estima que vivieron en el lugar entre 5000 y 9000 años antes del presente.

Los más actuales corresponden al período alfarero-temprano, eran agricultores con el cráneo redondeado y sus tumbas contenían vasijas de arcilla. Se estima que este grupo vivió hace unos 2500 y 1000 años antes del presente.

Fuente: Diario La Nación. 18 de Diciembre de 2007.

El cementerio más antiguo de Chile (II)

Los trabajos de excavación en la zona.


Hace dos años la ampliación del retén de la zona de Tutuquén develaría uno de los hallazgos más importantes y significativos del último tiempo en la región. Se trata de un cementerio indígena, en el cual se encontraron los restos óseos de tres poblaciones diferentes de seres humanos, los primeros maulinos en habitar la zona.

Tras cumplir la primera etapa desde el descubrimiento, que contempló la excavación arqueológica del lugar y la evaluación del estado de conservación del sitio, todo el material arqueológico recolectado, correspondiente a los cuerpos de estos antiguos productores, recolectores y cazadores, fue enviado al laboratorio Beta analytic radiocarbon dating laboratory en Miami, EE.UU. para, de esta manera, determinar cuántos años estuvieron cubiertos por la tierra y el tiempo.

Cementerio más antiguo de Chile

El informe final de estos análisis fue dado a conocer el pasado martes 19 de diciembre, en una conferencia de prensa que reunió al intendente Alexis Sepúlveda, a la gobernadora de Curicó, Gloria Rojas y al coordinador regional del Consejo de monumentos nacionales, Nelson Gaete.

El resultado da por conclusión que los restos óseos encontrados en el sitio arqueológico de Tutuquén tienen una data de 10570 años, lo cual convierte a este lugar en uno de los cementerios arqueológicos y asentamiento humano más antiguos del territorio nacional. “La importancia que posee este yacimiento arqueológico es documentar en forma segura que el territorio regional se encontraba ocupado por población humana hace más de 10000, lo que la hace la más antigua de la región del Maule y, obviamente, uno de los sitios más antiguos del territorio nacional (…) Estamos frente a los restos de los primeros maulinos, una historia que obviamente no empieza en 1532, sino que bastante antes”, señaló Nelson Gaete, agregando que hoy en día no existen más de 10 sitios correspondientes al arcaico temprano, encontrados en el país.

El hallazgo de conchas, huesos de roedores y otros elementos junto a los cuerpos, permite concluir que esta población recorrió amplios territorios de la región, llegando hasta el litoral.

Museo de los orígenes

El intendente Alexis Sepúlveda señaló en la conferencia que el Gobierno Regional se encuentra estrechamente vinculado a este proyecto desde sus orígenes, cuando a través de la construcción del Retén los huesos de nuestros antepasados salieron a la luz, hasta su rescate, el cual fue posible gracias a los 30 millones de pesos aportados por Cultura, lo cual corresponde a un 2% de su presupuesto.

“Hace tres o cuatro meses que nos encontramos trabajando con gente vinculada al tema patrimonial en la necesidad de contar con un museo que recoja nuestro patrimonio en torno a nuestros orígenes, nuestra historia, etc. y ahora nos encontramos en la etapa de elaboración de la ficha para la construcción y equipamiento del Museo de los orígenes, que se va a instalar en esta misma localidad y va a mantener este cementerio in situ y además va a tener infraestructura que nos permitirá exponer esta parte de nuestra historia”, dijo la primera autoridad del Maule, quién además añadió que el diseño, equipamiento y construcción del museo será financiado con fondos 2008, con una inversión de 52 mil 700 millones de pesos, lo cual tiene una gran significación a nivel histórico y turístico para la provincia de Curicó.

Por su parte, la gobernadora de Curicó, Gloria Rojas, aseguró sentirse muy orgullosa de que Curicó sea cuna de los orígenes de nuestra zona: “Para mí es un momento histórico impresionante”.

Fuente: Diario El Maule. 20 de Diciembre de 2007.

El cementerio más antiguo de Chile (I)

Los vestigios de Tutuquén.


Un sorprendente hallazgo de un cementerio indígena que data de hace nueve mil años realizó un grupo de expertos en la zona norte de la Región del Maule.

Se trata de osamentas de hombres, mujeres y niños que se encuentran en muy buen estado de conservación, constituyéndose en el hallazgo arqueológico más importante de la zona centro-sur del país.

El buen estado de los restos se explicaría por la abundante presencia de cenizas, las que habrían formado parte de un antiguo rito mortuorio.

Junto a las osamentas se hallaron jarrones que conservan intacto su color, productos del mar como ostiones y collares. El arqueólogo a cargo de los trabajos de excavación, Nelson Gaete, explicó que se encontraron dos grupos humanos distintos. “Un primer grupo que ocupa el sitio para inhumar a sus muertos alrededor de siete mil a nueve mil años de antigüedad, que son poblaciones de cazadores arcaicos, y una segunda ocupación, miles de años después, de poblaciones alfareras, más o menos entre el 400 y el 800 después de Cristo”, dijo.

Sobre las características morfológicas, el arqueólogo Mario Enríquez explicó que “unos tienen un cráneo alargado que llamamos dolicocéfalos u dolicoides que son característicos de las poblaciones arcaicas de siete mil, nueve mil años atrás”. Agregó que también hay “cráneos más redondeados, braquicéfalos, que son característicos de las poblaciones alfareras y poblaciones modernas como nosotros”.

Según el experto, estas dos agrupaciones humanas representan las dos oleadas migratorias que poblaron la zona central del país.

Estos primeros maulinos serán llevados ahora a peritajes de laboratorio, junto a otros restos hallados en el sector llamado Tutuquén, sitio donde se construye un cuartel de Carabineros.

Sin embargo, ya no hay recursos para seguir con los trabajos, por lo que el equipo de arqueólogos teme que se pierda para siempre un importante hallazgo como este.

Fuente: Radio Universidad de Chile. 15 de Noviembre de 2005.

lunes, 1 de febrero de 2010

Viaje a la Ciudad de los Césares


Durante los últimos cuatro siglos, conquistadores españoles, frailes, profesores, marinos, nazis esotéricos, montañistas y ufólogos han buscado la Ciudad de los Césares en un remoto punto de la Patagonia chilena. Fuimos al valle de Vodudahue atraídos por el mito del oro y la inmortalidad. Esto fue lo que encontramos.


Después de muchas horas de viaje en avión, en bus, mortificaciones, oleaje, temporales de terror y dificultades varias, salto por fin de un pequeño barco y pongo pie en el verde valle de Vodudahue al encuentro de Jaime Rehbein, el último porfiado colono que corta por la mitad las inmensas tierras de Tompkins, y le suelto de sopetón:

–¿Ha visto la Ciudad de los Césares?

Me mira como a un trastornado. Pero a su vez, es como si le pusieran play a su no tan viejo (43 años) grabador de recuerdos.

–Ja, ja. ¡Sabía que algo así lo traía por aquí! Nadie viene acá sin una causa.

Es que a Vodudahue, aunque se parece al bello paisaje del film Secretos de la montaña, no llegan turistas. Está apenas a cien kilómetros al sur de Puerto Montt y es uno de los puntos más angostos de Chile: 48 kilómetros desde el mar hasta la frontera, pero es también uno de los más inaccesibles. Para entrar hay que atravesar el fiordo Comau, un angosto canal marítimo con cumbres que caen a pique al mar como iglesias góticas. Nada se puede construir en sus orillas: ni casas, ni caminos. Lo poco que hay cuelga de peñascos. Pinochet soñó alguna vez construir un puente gigante para cruzarlo y dar continuidad a la Carretera Austral, pero fue imposible. Los transbordadores pasan frente a la entrada del canal y los turistas sólo ven el estrecho callejón, amenazante y oscuro. Sesenta kilómetros al fondo, unos cuernos nevados, coronados de nubes, parecen el lugar ideal para un castillo de Drácula. Lo peor es que algunos creen verlo.

Y no se trata precisamente de la casa de Douglas Tompkins, el actual dueño de todo el fiordo. Sino de “algo” indescriptible que desde 1619 hasta ahora ha movido a decenas de expedicionarios, soldados españoles, frailes, jesuitas, profesores, marinos alemanes, nazis esotéricos, ufólogos y místicos tipo Elqui a buscar en ese pequeño y escondido punto de la inmensa Patagonia el viejo mito de la Ciudad de los Césares: la ciudad repleta de oro donde se supone que se establecieron incas prófugos de los españoles que tendrían el secreto de la inmortalidad.

–Lo que me pregunto –dice Rehbein por fin– es ¿por qué justamente acá? ¿En este puntito de toda la Patagonia?

Pensé que él tendría la respuesta. Una docena de crónicas de los conquistadores, la primera de Francisco César, en 1521 –quizás de ahí el nombre–, fue armando el mito de una ciudad oculta en un valle de altura, flanqueado por una triple cascada, al que se llega por una lengua de mar que atraviesa la cordillera. Cien años después creyeron encontrar el lugar en Palena.

En 1619, en busca de la ciudad por orden de la Corona, el capitán español Diego Flores descubrió el fiordo Comau, que casi cruza la cordillera. Y el río Vodudahue, que es navegable catorce kilómetros hacia el interior y llega casi al límite con Argentina. Creyó que era el paso transoceánico del mito. Desde su relato, la búsqueda se centró en el Comau y el Vodudahue.

–Y las tres cascadas también existen acá– continúa Rehbein.

Miden como noventa metros de altura. Las descubrió en su cuarto viaje, en 1785, fray Francisco Menéndez (rector del Seminario Jesuita de Castro, quien murió a manos de los tehuelches buscando la ciudad). Hizo dos cruces con troncos de alerce para indicarlas. Todavía se pueden ver allá arriba. He ido dos veces.

¡Yupi! –pienso–. Ya vamos concretando.

Supuestamente, dicen las crónicas, las cúpulas y los techos de la ciudad serían de oro y plata macizos. Con una gigantesca campana que, de llegar a ser tañida, se escucharía en el mundo entero. Y sobre quienes llegan a encontrar la ciudad cae el olvido de lo vivido: “Aún cuando la ande pisando, ningún viajero la hallará jamás, porque una densa bruma la hace invisible a los ojos extraños” se lee en la Relación sobre el descubrimiento de la Ciudad de los Césares, de Nicolás Mascardi, de 1650, también devuelto finado por los tehuelches de la pampa.

En las 45 noches despejadas que registra Vodudahue como promedio anual, muchos han creído ver luces espectrales. Fenómenos celestes inexplicables. Dicen haber escuchado campanas ensordecedoras. Tambores tribales. O haber vivido situaciones extrañas que cambiaron sus vidas para siempre. Testimonios desde 1600 hasta hoy. ¿Por qué ahí?

–¡No sé...! –dice Rehbein. ¿Pensaba que yo tenía la respuesta?

El último colono

Jaime Rehbein vive todo el año en Vodudahue. Sus 480 hectáreas cortan la entrada a las tierras de Tompkins como una cuña triangular, precisamente ahí donde el valle se interna en las escarpadas montañas. Otros tres parientes de Jaime son dueños de pequeños predios junto al río; su cuñado Oscar Barril, su primo Alejandro y su propio hermano, Luis Rehbein. Vienen por épocas a parcelas junto al río.

El denso río Vodudahue se desenrolla desde las cumbres como una serpiente verde hasta el mar. En su orilla hay pequeñas praderas. A doce kilómetros de allí, en Riñihue, Douglas Tompkins instaló su casa personal, donde vive con Kris McDivitt. A tres mil pesos la hectárea, Tompkins compró las 90 mil de los fundos Vodudahue, Porvenir y La Horqueta, que llegan desde el mar hasta el mismísimo límite con Argentina. Se suman a otras 300 mil hectáreas que cortan en dos la Patagonia. Una mancha de tierra continua, si no fuera por el colono porfiado que se niega a vender.

Se las vendería –dice Jaime Rehbein–. Pero en 2,5 millones de dólares. El multimillonario lo encuentra caro. Pero las 480 hectáreas del colono son claves para Tompkins, porque están justo a la entrada del mágico cajón. Así que están en un tira y afloja de años. Hace dos, Rehbein empezó a ver un helicóptero que se internaba en febrero en la cordillera, día tras día. Pensó : “Oh, no, de nuevo vienen por lo mismo”. Se sentó a esperar, como esos viejos del Oeste en su mecedora, a que llegaran a preguntarle la misma idiotez sobre la Ciudad de los Césares, como hago yo ahora. Pero luego supo de qué se trataba.

–Era el helicóptero del crucero Atmosphere, que lleva multimillonarios a pescar con mosca y a esquiar a los altos del Vodudahue (tierras de Tompkins) por tres mil dólares el día. Un helicóptero rojo.

Rehbein piensa que es gracioso que lleguen los hombres más ricos del mundo –así ha dicho el propietario del buque, Andrés Ergas, que son sus clientes– al lugar donde todos buscan una inmensa fortuna en oro.

–Los césares son ellos– dice Rehbein.

El colono no es un místico, ni un ermitaño. A lo más es un contemplativo que puede pasar horas meditando bajo la colosal pared de granito frente a su casa. Es un agricultor culto, centrado, solitario, informado, que votó por Piñera, aunque no niega los avances de la Concertación.

–Ha visto algo raro. ¿Alguna luz, alguna nave, vestigios, signos..?– le insisto.

–Uh… De nuevo con lo mismo. Salgamos a la terraza, mejor–dice.

La noche está estrellada. En Vodudahue llueve a baldazos 320 días del año, aunque las noches de verano son cálidas y templadas. Casi celebran cuando ven la luna.

–Ewalt Rehbein, mi padre –suelta de pronto Jaime en la oscuridad– me contó que una vez escuchó campanadas al interior del valle, en 1935. También casi lo pica el bichito del mito: con otros alemanes construyó a pala una senda para explorar el interior. Les faltaron doce kilómetros de selva para llegar al límite con Argentina.

Poco tiempo después, en 1947, Miguel Serrano, el escritor y líder nazi, recorrió la zona. Ferviente creyente de la Ciudad de los Césares, relató su búsqueda en el capítulo “Quién me llama en los hielos” del libro Por mar y tierra. Cerca de Vodudahue creyó encontrar vestigios idiomáticos tallados sobre rocas, apenas unas marcas extrañas, que serían de una raza pura originaria de América. Sus delirantes visiones insuflaron nuevos aires a una cantidad de feligreses suyos que han continuado hasta hoy una búsqueda más bien poética.

En 1984, el montañista y primer hombre en cruzar longitudinalmente Campos de Hielo, el francés Marc Roqueferre, atravesó los valles superiores del Vodudahue siguiendo los relatos de los primeros exploradores de la Ciudad. En 1988 Ricardo Astorga realizó dos exploraciones río arriba en busca de alguna energía mística. En los 90, un grupo de diez profesores argentinos estuvo a punto de morir cruzando desde Argentina en busca de algún vestigio. No encontraron nada, pero redescubrieron la triple cascada que vio fray Menéndez. En 1999, Mauricio Purto escaló las montañas y grabó un capítulo sobre la infructuosa búsqueda de la Ciudad de los Césares en su programa Cumbres de Chile. Un grupo neonazi argentino llamado Delphos exploró también el valle andino el año 2000 siguiendo el mito. Sumando los viajes que ha hecho toda una gama de esotéricos, ufólogos y anticristos que no dejaron firma, las exploraciones hacia el misterioso Vodudahue superan la docena. Pero como ocurre siempre con lo inasible, cuando se busca con más empeño, menos se encuentra.

Los viajes de Pablo

Pablo es un apóstol de apellido Oyarzún. Predica el cuidado del medio ambiente, la naturaleza y es un pequeño empresario de áreas verdes en la Décima Región. Hace quince años exploró el Vodudahue a punta de machete hasta la alta montaña en busca de depósitos subterráneos de agua y construyó el primer mapa para Douglas Tompkins, cuando el estadounidense compró las 90 mil hectáreas del valle en 1994.

–¿Tompkins también buscó la Ciudad de los Cesares?

–No estoy seguro. El gringo era tan hermético… Pero Tompkins se obsesionó con el Vodudahue –dice Pablo ahora, que por primera vez habla de su ex patrón– gastó en esas tierras cuatro veces lo que invirtió en los otros fundos: un esfuerzo gigante.

Vodudahue estaba abandonado. La selva había borrado las huellas de los colonos alemanes que explotaron la madera a comienzos del siglo XX.

Oyarzún llegó con 25 años en el verano de 1993-94, recién salido de la escuela agrícola Adolfo Matthei, de Osorno, a aplicar la ecología profunda de Mr Douglas con un ejército de treinta trabajadores, dos barcazas, motosierras y bulldozers, aplanadoras y retroexcavadoras, para abrir sendas y praderas hacia el interior del río Vodudahue. Despejó a fuerza bruta el bosque nativo e hizo lo que hoy son praderas como de campo de golf donde el empresario tiene sus casas privadas.

Oyarzún, un tipo escéptico y racional, confiesa que recibió la orden de Tompkins de explorar el interior de las montañas bajo un extraño contrato: “Todo hallazgo mineral, arqueológico o de algún otro tipo, sería propiedad del mandante de la expedición”.

Entre 1994 y 1997 hizo tres viajes de semanas, brújula en mano, hacia los valles cordilleranos. Junto a Carabineros de frontera; con Jaime Rehbein y también solo, acompañado únicamente de Mota, su perro. “Era joven e inocente, estaba en mi elemento, así que no me pregunté mayormente por qué el empeño del gringo en explorar el Vodudahue tan a fondo. En puro comprar las primeras fotos satelitales se gastó una millonada”. Una noche de exploración, en medio de los inmensos picos nevados, ocurrió.

El cielo estaba claro, pero nublado. El perro se escondió horrorizado. En la montaña de enfrente, a tres kilómetros de distancia, de pronto…

Su mujer, Carolina Gallardo, lo para en seco:

–¡No sigas! No le cuentes a nadie.

Qué diablos.

–Vi un gigantesco tubo que se elevó hasta las nubes y desapareció.
Una cosa rarísima, bien podría ser una nave, no sé.

Tiempo después sucedieron una seguidilla de cosas extrañas que no quiere detallar. Vio luces en el cielo, oyó ruidos. Tras una noche de pesadilla, aunque él y su mujer eran una pareja diagnosticadamente infértil, concibieron en Vodudahue al primero
de tres hijos.

–Era tanta nuestra alegría que hicimos una cena para anunciarle a Doug y Kris que Carolina estaba embarazada. Pero a Tompkins se le descompuso la cara. Me dijo: “¡Me has traicionado! ¡Tenía otros planes para ti!”. Estaba como loco. Kris trataba de calmarlo. Nunca supe qué le pasó, ni qué planes tenía.

¿Me despidió por tener un hijo? ¿Iba contra su filosofía de la sobrepoblación mundial? Nunca lo supe. Como sea, Joaquín –su hijo–, fue lo mejor y lo único que nos trajimos de Vodudahue.

–Sólo de vez en cuando recuerdo esa etapa y me miro en el espejo –dice Pablo– para ver si tengo alguna cicatriz de abducido o algo por el estilo. Ja, ja.

–Y Joaquín, ¿tiene algo especial?

–Claro, un talento genial para la pelota. ¡De otro planeta!

El encuentro con el piloto

Buscando historias sobre el Vodudahue, antes de partir al valle, seguí muchas pistas falsas hasta dar con una persona en Puerto Montt. Un constructor civil y piloto amateur de 58 años. Lo guié hasta un café y le solté a bocajarro que sabía lo que había
visto en Vodudahue. Palideció.

En enero del año 86 practicaba vuelo sobre la zona de los fiordos con dos amigos. En un momento, los instrumentos de la avioneta enloquecieron.

–¡Hasta el reloj de la bencina!

Durante un minuto. Miramos hacia abajo y vimos una enorme construcción cúbica que resplandecía en un altiplano y se fundía con la nieve. Dieron varias vueltas e identificaron las coordenadas en un mapa. En febrero, con mejor clima, volvieron por tierra.

–Fue un viaje penoso. Cerros escarpados. Verticales. Nos abrimos paso con machete. En tres días estábamos muy cerca de las coordenadas.

Al hombre se le quebró la voz.

–Vimos una enorme construcción. Gigante. Del tamaño de varias canchas de fútbol. Nada conocido. Cúbica. Lisa. De pronto, el cerro donde estaba se abrió y la construcción desapareció. Dijo que casi fueron tragados en un sismo junto a la mole y que los tres salvaron su vida de milagro. Pero algo más les ocurrió.

Algo que lo atraganta; no pudo continuar.

–Nos juramos que nunca contaríamos lo que nos pasó. Sólo eso puedo decir.

–¿Algo malo?

–No, no. Algo muy raro, demasiado para ser contado.

Le mostré un mapa pero no quiso verlo. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Y eso que la cuenta la pagué yo. Nos despedimos y se perdió en Puerto Montt. En Vodudahue le cuento estos testimonios a Jaime Rehbein a ver si le exprimo algo más.

–He oído cosas parecidas –me dice–. Una vez a mi hermano y a mí nos siguió desde el cielo una luz en el camino, por el valle, sólo eso. He estado años acá y nunca he visto algo extraño. Acá
abajo (en el valle), nunca.

De regreso a la civilización, acodado en la borda del barquito como un viejo marino, siento el bamboleo del mar como una mano que se despide de un viaje pésimo. No encontré nada. No vi nada. Me duermo viendo alejarse los colosales muros escarpados. Más tarde suena la sirena y despierto con un intenso presentimiento: volveré.

Por Robero Farias.

Fuente: Revisa Paula. 23 de Diciembre de 2009.

sábado, 2 de enero de 2010

Hallan 12 tumbas de más 3500 años de antigüedad en norte de Perú

Lambayeque.


Arqueólogos peruanos hallaron 12 tumbas con restos humanos de más de 3500 años de antigüedad en un centro ceremonial arqueológico de la región norteña Lambayeque, informó el investigador Ignacio Alva.

“Los restos humanos pertenecen a niños y adultos, se encuentran en buen estado, pero son muy frágiles y tenemos que tener cuidado para retirarlos de la zona del hallazgo”, dijo a la AFP el arqueólogo Ignacio Alva.

Alva manifestó que el hallazgo es de gran importancia y corresponde a un periodo en que la cultura Lambayeque (pre-inca) empezaba a trabajar la cerámica.

“Son tumbas de poca profundidad, se caracterizan por contener botellas de gollete largo en cerámica y platos grabados con la cabeza del dios araña”, indicó el estudioso.

Las tumbas son de forma circular. Además de las 12 reportadas, que guardan relación entre ellas, hay una más sin abrir y otras dos que corresponderían a culturas posteriores como la Chimú y Chimú-Inca, explicó Alva.

El hallazgo se produjo en el centro ceremonial Ventarrón, del departamento de Lambayeque, 700 km al norte de Lima, una región rica en yacimientos arqueológicos, que fue asiento de varias culturas anteriores al imperio de los Incas.

El centro ceremonial Ventarrón, descubierto en 2007, es el templo más antiguo de la costa norte de Perú, pertenece a la época arcaica o pre cerámica y tiene una antigüedad superior a los 4000 años.

Fuente: Radio Bio Bio. 24 Diciembre de 2009.

lunes, 2 de noviembre de 2009

La saga de los habitantes de Groenlandia

Mapa de Vinland.


La “Saga de los habitantes de Groenlandia” -un relato que incluye varios eventos de los vikingos entre los años 975 y 1030- relata cómo en el año 1.000 un explorador de ese pueblo llamado Leif Ericson llegó a un nuevo territorio, mientras exploraba las rutas marinas al oeste de Groenlandia.

La zona -que se ubicaba en la costa norte de la actual Terranova, parte de Canadá- recibió el nombre de Vinland, que significa tierra de viñas, y que Ericson bautizó así para incentivar a otros a explorar el lugar. Aunque su estadía no duró más de una década, esto le permitió a Ericson ser el primer europeo -conocido hasta ahora- en llegar a América, cientos de años antes de Cristóbal Colón. De sus hazañas quedaron dos rastros: las sagas a la que los historiadores no dieron mucho crédito y un mapa de Vinland, cuya autenticidad fue puesta en duda desde que saliera a la luz pública en 1957.

Sin embargo, en la Conferencia Internacional sobre la Historia de la Cartografía, celebrada el 17 de julio en Copenhague, René Larsen -rector del Colegio de Conservación que depende de la Academia Real de Bellas Artes danesa- señaló que tras cinco años de análisis es posible decir que el mapa de Vinland no presenta signos de falsificación.

Como el documento data de 1440, el mapa de Vinland podría representar la primera cartografía de registro de América del Norte y demostrar que los europeos eran conscientes de la existencia del continente antes del viaje de Colón. Según los expertos, el mapa fue realizado para el consejo eclesiástico de Basel, en Suiza, y sus autores se basaron directamente en los antecedentes reunidos por los vikingos.

Dudas constantes

Mientras las pruebas de carbono confirman que el mapa data de 1440, René Larsen explica que su equipo analizó la tinta y la escritura, además de agujeros y parches del mapa, que hoy se encuentra en la U. de Yale (EE.UU.) Según el especialista, los agujeros causados por escarabajos que se alimentan de la madera, son consistentes con aquellos hallados en los libros, junto a los cuales el mapa estaba almacenado.

Además, agrega Larsen, las teorías que indican que la tinta es demasiado reciente porque contiene una sustancia llamada dióxido de titanio anatasa, que comenzó a producirse industrialmente en 1923, pueden ser rechazadas porque el mismo material ha sido hallado en mapas medievales. La sustancia provendría de la arena usada para secar la tinta. “Es posible que la anatasa se derive del gneiss, una roca proveniente de Suiza y que contiene cristales microscópicos de anatasa, los que amenudo se hallan en libros antiguos y manuscritos”, dijo Larsen a La Tercera. El experto deja a los cartógrafos determinar la precisión de la información del mapa: “Como sea, el mapa se origina en los vikingos y parece mostrar que fueron los primeros europeos en estar en América”.

Los rastros históricos de Vinland

En 1961, un matrimonio de arqueólogos noruegos –Helge Ingstad y Anne Stine- descubrió ruinas vikingas en la costa norte de Newfoundland. Allí hallaron elevaciones cubiertas de hierba que resultaron ser los restos de una aldea vikinga en la zona de L’Anse aux Meadows. El lugar tenía ocho edificios, un taller de carpintería y tecnología de extracción idéntica a la de los vikingos. De todos modos, se encontró poca cantidad de artilugios, por lo que se supuso que el lugar había sido abandonado voluntariamente, lo que coincide con narraciones que cuentan que los exploradores no se mantuvieron en el lugar por más de 10 años. Hasta hoy, el lugar representa el único asentamiento nórdico conocido en América del Norte y en 1978 fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Fuente: Diario La Tercera. Santiago de Chile. 3 de Octubre de 2009.

sábado, 3 de octubre de 2009

Restos arqueológicos en Chile podrían ayudar a entender el cambio climático

Monte Verde, en el sur de Chile.


Santiago.- Los restos de fósiles de animales encontrados en el sur de Chile el pasado diciembre podrían contribuir a esclarecer los efectos futuros del cambio climático, aseguró a Efe el geólogo Mario Pino, de la Universidad Austral, de la ciudad de Valdivia.

El geólogo, uno de los principales investigadores de los yacimientos chilenos de Monte Verde y Pilauco, señaló que, en la época a la que se remontan los fósiles hallados en La Plata, en el sur de Chile, tuvo lugar la última glaciación, cuando el clima estaba calentándose de manera significativa.

"Si podemos entender lo que pasó en esos hábitats y qué pasó con las comunidades frente al cambio climático nos puede dar una respuesta de lo que podría pasar en el futuro,” afirmó Pino.

El geólogo añadió que “las comunidades vegetales y animales se adaptan a los cambios, y Chile, en ese sentido, es un buen laboratorio porque, como es una zona tan larga, cuando ocurren cambios climáticos la vegetación se desplaza hacia el norte o hacia el sur dependiendo de si el cambio es hacia frío o hacia calor. Hay desplazamientos de latitud más que cambios de tipo extinción.”

Por ello, Pino opina que los restos prehistóricos chilenos pueden ayudar a comprender los cambios del recalentamiento global que tanto preocupan a la sociedad actual.

Los fósiles, encontrados de manera fortuita en La Plata, a unos 800 kilómetros de Santiago, corresponden a muestras de molares de dos gonfoterios, de la familia de los elefantes y fósiles de paleolama, ascendiente del camélido.

Los fósiles de animales fueron encontrados “en una planicie de un depósito glacio-fluvial donde hay un pequeño pantano de algunas decenas de metros de diámetro,” según indicó Pino.

Los restos han podido dar una idea del ambiente en el que se encontraban.

"Estaban muy cerca de donde estaba el hielo, cerca de una morrena (montón de piedras y barro acumuladas por un glaciar de la época).”

Lo que además llama la atención del descubrimiento es que los fósiles de tres animales hayan sido encontrados en un espacio tan reducido, hecho que lleva a los investigadores a pensar que la acción del hombre podría haber llevado a esta circunstancia.

Estos restos podrían ser una nueva fuente determinante de la "teoría del poblamiento temprano,” que determina que la población del continente americano es anterior a la cultura Clovis.

Durante años, los indicios de presencia humana más antigua habían sido las puntas clovis, unas lanzas para cazar mamuts que datan de 11.000 años a.C. y han sido encontradas en Norteamérica.

Sin embargo, posteriores descubrimientos como los de Monte Verde y Pilauco, donde Mario Pino participa, demuestran una presencia humana anterior, hasta 14.600 años.

El experto geólogo mantiene la teoría de que el hombre llegó al hemisferio norte de América hace unos 20.000 años, cuando el nivel del mar estaba unos 180 metros más bajo.

Los primeros pobladores alcanzaron el continente a través de una ruta costera de Asia que hoy en día está cubierta por el océano. "Probablemente, muchos lugares quedaron bajo el mar,” afirmó Pino.

En la actualidad, el equipo de Pino postula para conseguir fondos regionales que les permitan hacer una investigación en La Plata.

El equipo necesita financiar la exploración para demostrar el interés científico del lugar y que se convierta así en un sitio arqueológico que ayude a desvelar los pasados del hombre americano y el futuro de la humanidad ante el cambio climático.

Fuente: EFE. 7 de Agosto de 2009.